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Fraudes y Robos, el pan nuestro de cada día

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Por desgracia, los robos y fraudes en nuestros hoteles son temas frecuentes, de hecho, estudios recientes indican que la pandemia disparó el número de fraudes en las empresas.

Me referiré para este artículo a la teoría denominada “El triángulo del fraude”, que surge de la hipótesis de Donald Cressey:

“Las personas de confianza se convierten en ‘violadores de confianza’ cuando se conciben a sí mismos teniendo un problema financiero que no es compartible, son conscientes de que este problema puede ser resuelto en secreto violando la posición de confianza financiera que tienen, y son capaces de aplicar a su propia conducta en esa situación, verbalizaciones que les permitan ajustar sus concepciones de sí mismos como personas de confianza, con sus concepciones de sí mismos como usuarios de los fondos o propiedades encomendadas”. (Donald R. Cressey, Dinero de los demás. Montclair: Patterson Smith, 1973, p.30).

Las tres causas por las que nos roban o nos defraudan son:

  1. Presión. El defraudador tiene problemas personales que para resolver no tiene la capacidad de pago: enfermedades, deudas, adicciones, está siendo extorsionado, ambiciona un bien fuera de su alcance (casa, carro, joyas, novia, novio), etc.
  2. Percepción de la oportunidad. Quien comete el ilícito tiene la percepción, la confianza, la intuición de que no lo van a “cachar”, domina los procesos y sabe cómo sembrar dudas y borrar los rastros de su fechoría. Suelen tener gran habilidad y malicia para imputar a otros basándose en el mal diseño de procesos de control.
  3. Racionalización. Un gran porcentaje de personas que roban no tienen antecedentes registrados y se perciben a si mismas como honestas, a quienes la vida les ha tratado de manera injusta por lo que racionalizarán (verbalizarán) sus actos de una forma que sean aceptables o justificables: “me lo merezco”, “no me agradecen el esfuerzo”, “estoy muy mal pagado”, “es como un préstamo” (a fondo perdido), “lo hago por mi familia”, “como quitarle un pelo a un burro”, “mi jefe no ocupa esa lana”, “Dios me puso en este camino”.

Hace algunas semanas tomé la siguiente nota en un curso en el IPADE:

10% de los empleados de una empresa son “a prueba de balas”, no roban ni cometen fraude en ninguna circunstancia; 80% roban por necesidad, oportunidad o racionalización y cuando llegan a ser descubiertas, la mayoría dice que es su primera vez; mientras que el 10% de empleados que entran a trabajar a una empresa lo hacen con la intención de robar. Si esto fuera cierto, diríamos que el 90% de nuestros colaboradores estarían dispuestos a robar o cometer fraude, si tienen necesidad grave, si la oportunidad es evidente, si se convencen de que están haciendo algo justo, o si pasan por un deficiente tamiz de reclutamiento y selección.

El Statistic Brain Research Institute, ofrece la siguiente información acerca de robos y fraudes en Los Estados Unidos de Norteamérica, en donde se supone la justicia es más prolija y las tasas de impunidad son más bajas que en México.… interesante por aquello de que “si ves las barbas de tu vecino cortar…”

Estadísticas de robo de empleados en EEUU:

  • Hombres – 59.1%
  • Mujeres – 40.9%
  • Cantidad robada anualmente por empleados: $ 50 mil millones
  • 7% de los ingresos anuales de las empresas se pierden por robos o fraudes.
  • 75% de los empleados han robado al menos una vez a su empleador, y 37.5% de empleados le han robado al menos dos veces.
  • 33% de las quiebras comerciales causadas por el robo de empleados.
  • 2 años es el tiempo promedio en que ocurre el fraude antes de que se detecte.

El robo y los fraudes son riesgos inevitables del negocio, y se deben minimizar desequilibrando el triángulo del fraude, cerrando la puerta a las oportunidades y acotando los niveles de confianza de cada puesto, estableciendo los controles probados por la hotelería profesional, evitando crear una pesada burocracia o la implementación de medidas absurdas y exageradas.

Y si el daño ya se hizo: analizar y entender las razones por las cuales los colaboradores, a veces aún después de años de servicio honesto, nos han robado, corrigiendo las fallas que causaron el desfalco (la World Compliance Association afirma que el 35% de robos los hacen personas con más de 10 años de antigüedad).

Finalmente, cuando se detecte y se haya comprobado un ilícito de esta naturaleza, tomar medidas ejemplares. El artículo 386 del Código Penal Federal Mexicano indica que el delito de fraude se castiga hasta con 12 años de prisión.

Y con razón oramos: “… y no nos dejes caer en la tentación”.

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