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Historia de la hotelería y turismo en México. Mi visión: Aforismos turísticos

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Sobre el turismo en México

México tiene el potencial y podría ser una potencia mundial en turismo; tiene al lado el mayor mercado emisor de turistas del mundo; es inmensamente rico en su geografía; montañas, desiertos, playas y ciudades coloniales. Su cultura e historia es plena de tradiciones, etnias, gastronomía, pero… Tal vez el mayor desafío que enfrenta el turismo en México sea la falta de una política turística de Estado. La industria se reinventa sexenalmente con nuevos demiurgos al frente de una gran burocracia que grava el costo de cada turista extranjero que atrae el país. Un país dependiente en alto grado de los ingresos del turismo (9% del PIB) que adolece de una ley federal de turismo privilegia el caos y la disonancia social.

La industria turística mexicana es la única que hace negocio explotando el patrimonio social de las comunidades donde opera sin hacerlas participes de las utilidades. Si bien la inversión extranjera debe ser bienvenida en países como México, ésta debe llegar dispuesta a acatar las leyes locales. Los gobiernos harían bien en examinar con rigor el desempeño social de las inversiones españolas. Los grandes negociantes del turismo internacional (conocidos como operadores), emplean sus recursos para influenciar y moldear la demanda y condicionar la oferta, en su propio beneficio. La fuga de recursos tolerada por las autoridades coloca al país en condiciones de maquilador de su propio patrimonio.

Sobre leyes, normas y controles

En materia turística México es un país sin leyes: se aplica una ley que no es vigente; la industria requiere de leyes que normen no sólo a la hotelería, sino a todos los segmentos de la industria: desarrolladores, operadores, agentes de viaje, restauración turística, tiempos compartidos y el todo incluido en los hoteles.

Una ley de turismo debiera tener como objetivo establecer reglas y normas que fomenten la competitividad y la equidad entre los segmentos económicos que participan en la industria, promueva su desarrollo “equilibrado”; en un marco de sustentabilidad y proteja a los inversionistas nacionales. Debería contener lineamientos para la profesionalización de los trabajadores de la industria y privilegiar su contratación en negocios de procedencia extranjera.

México necesita una ley que garantice que lo que en el país se vende en materia turística, aquí se quede y pague impuestos. En este aspecto estamos atrasados pues el monto de las fugas se resiente en las economías locales.

ética, responsabilidad social y sustentabilidad

Con frecuencia han sido los desarrolladores turísticos los actores principales en el drama de la sustentabilidad en nuestras zonas costeras. Sería deseable que las empresas hoteleras extranjeras se involucraran en los problemas sociales de las comunidades donde operan, con la adquisición de productos locales e involucrarse en el desarrollo social y cultural.

Las empresas turísticas, nacionales o extranjeras, deberían interactuar con las comunidades donde operan para coadyuvar a alcanzar la finalidad del turismo: la creación de riqueza, no únicamente la creación de empleos. Serán las naciones que mejor preserven su medio ambiente y sobre todo conserven su identidad histórica, cultural y gastronómica, que habrán de participar de manera plena en la derrama económica del turismo en el futuro.

Sobre el costo social del turismo

En la medida en que un destino vacacional llene las expectativas del viajero, el valor de la experiencia vacacional se aprecia. Al contrario, si el centro vacacional ha entrado en un estado de decadencia, su valor se deprecia. Es la cultura de los pueblos, lo que los identifica y hace única y diferente ante todo lo que le es ajeno. La inversión de este patrimonio en pos del turismo es el capital de riesgo que aporta la comunidad en el negocio. Para comprender el fenómeno turístico moderno habría que utilizar las ciencias sociales y la antropología, esencia del comportamiento humano. El turismo tiene varias facetas; es glamoroso y seductor, pero también puede ser nocivo; sus secuelas sociales y culturales sobrepasan con frecuencia los beneficios económicos.

El turismo y los políticos

El turismo es también una actividad seductora; algunos políticos pretenden involucrarse en ésta actividad técnica y especializada. Vemos a diputados, alcaldes o gobernadores preocupados por el turismo. Prefieren ignorar que el turismo es una actividad que exige un alto grado de profesionalismo y que ayudarían mejor convertidos en facilitadores que en protagonistas. El tianguis turístico es un mercado entre ofertantes y posibles compradores, no es lugar para políticos, con su presencia, el clima de negocios se enrarece.

El turismo de masas

El perfil del turista de «paquetes» es uno de poco poder adquisitivo que antepone el precio a la calidad y que es presa de los grandes operadores extranjeros; que nos han llevado al nefasto sistema del todo incluido, sistema depredador de la economía en las comunidades anfitrionas —más del 50% de las divisas generadas por turismo, en México dependen de los destinos resort u hotelería de playa, donde se ha asentado el sistema del todo incluido.

El turismo de masas, además de devaluar a la industria, desmerece el profesionalismo culinario-gastronómico del país. Existen pocos hoteles que operan bajo el sistema del todo incluido con calidad.

Los países líderes en turismo mundial, si bien han acogido la moda de la propiedad fraccional o «tiempo compartido» como un segmento de la industria, no favorecen la práctica del «todo incluido». Los estudiosos del turismo opinan que este concepto es lo último que le quedaría a cualquier destino turístico. Serán las naciones que mejor preserven su medio ambiente y conserven su identidad histórica, cultural y gastronómica, los países que habrán de participar de manera plena en la extraordinaria derrama económica del turismo en el futuro, recordando que “marketing turístico”; es satisfacer las necesidades y expectativas del huésped, no los caprichos del propietario.

Sobre turismo de calidad

Los cuatro pilares que sustentan al turismo, son: calidad, servicio, cultura y marca, conceptos que en la hotelería se confunden con frecuencia. Puede haber calidad donde no existe el lujo y puede haber lujo ausente de calidad. El servicio debe ser enmarcado en la dignidad y la eficacia; en el conocimiento del alma del negocio: el huésped.

Un error frecuente en la apreciación del turismo es confundir la actitud de los prestadores de servicios turísticos, con la eficiencia, la eficacia y la honestidad. La actitud positiva de los anfitriones no debería justificar la falta de calidad en los servicios o productos que se dan a los huéspedes. Es la percepción del turista lo que permanecerá en su memoria. La calidad en la hotelería se encuentra en establecimientos de corporaciones trasnacionales que acumulan conocimientos, experiencia y han desarrollado altos estándares para satisfacer a sus huéspedes.
Alta Hotelería Héctor Pérez

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