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Acústica para habitaciones y áreas públicas

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Durante la segunda mitad del Siglo 19 (1870 – 1914), una alta sensibilidad al ruido predominó en varias ciudades europeas.

En el contexto por expandir la industrialización y urbanización, periodistas y periódicos publicaron extensos artículos sobre el cambio en las condiciones de acústica de muchas poblaciones. Neurólogos y especialistas del oído se vieron de repente confrontados por muchos pacientes con efectos nocivos a causa de la contaminación auditiva, así como autoridades e inspectores sanitarios dieron cuenta de un notable incremento en las quejas sobre el ruido interpuestas por los ciudadanos.

A esta época se le conoció como ‘La Era del Ruido’.

Dichos sucesos dieron como consecuencia que ingenieros, arquitectos y planeadores urbanos buscaran maneras de reducir tanto estruendo, al mismo tiempo que algunas entidades ofrecieron conferencias sobre regulaciones sanitarias y de salud para eliminar la contaminación auditiva de sus agendas, pues el hecho de que alguien pudiera percibir una enorme diversidad de sonidos a su alrededor ejemplificaba claramente el impacto que traería consigo el tan complejo crecimiento de la vida urbana.

Uno de estos movimientos fue en Viena, ciudad donde grupos de personas de la clase media puso a flote este cambio radical en el paisaje sonoro debido al rápido desarrollo de la metrópoli.

Al principio las campañas de disminución de ruido fueron recibidas por el público de manera controversial a favor y en contra, pues siendo la acústica un fenómeno social tan complejo trajo consigo conflictos de intereses, tanto sociales como económicos, de crítica cultural y sobre especulaciones del desarrollo urbano.

A modo de hacer frente a la contaminación acústica, las estrategias empleadas tuvieron que ser consistentes de una percepción cultural en específico.

Es decir, educar a la gente para transformar su mentalidad y regular el espacio público de acuerdo a los conceptos de clase media, analizando las impresiones auditivas en su entorno para entonces implementar un adecuado crecimiento urbano y mejorar las condiciones de vida bajo un estándar que siguiera una armonía acústica.

EL RUIDO: Una percepción cultural

Así como al exterior de algunos hospitales del mundo se pueden observar letreros con la leyenda: ‘¡Silencio! Zona de hospitales’ o ‘No toque el claxon’, efectivamente la connotación general del ruido tiene que ver con la conciencia cultural de una persona, grupo o sociedad, ya que es precisamente a partir de la clase media y su concepto sobre el progreso de una civilización que se puede influir de una manera formativa sobre las expectativas y experiencias que las personas pueden tener en los espacios públicos y cerrados. Es decir, ¿cómo pueden emerger nuevos comportamientos sociales y ser aceptados de manera general?, y ¿cómo éstos actúan en el modo en que los espacios urbanos son estructurados?

Por ejemplo, para un hospital la transmisión de sonido en su alrededor y dentro del inmueble no es ninguna broma, ya que en varios países hacer ruido fuera de un sanatorio puede llegar a ser motivo de una fuerte multa o arresto.

Los nosocomios, clínicas y algunos consultorios echan mano de arquitectos e ingenieros acústicos para que dentro del inmueble exista un ambiente de pasividad y cero ruido, que conlleve a la satisfacción y buena recuperación del paciente. De esta manera, si un doctor está discutiendo sobre las condiciones médicas de un paciente en una habitación o en el pasillo del hospital, se debe asegurar que nadie más que los involucrados (internado o familiares) puedan escuchar lo que él dice, siendo una medida aplicada a las conversaciones telefónicas.

Para ello, sofisticados equipos electrónicos miden y diagnostican la resonancia acústica determinada bajo distintos niveles de altitud y amplitud, obteniendo resultados por conteo en la densidad de ruido para pisos, muros, techos, ventanas y otros efectos, con lo que determinan el tipo de material y adaptación a cada estructura y mobiliario.

Pero lo que es esencial para un hospital quizá no lo sea para una biblioteca pública, donde los elementos que generan ruido hacia el inmueble son extremadamente ajenos a éste. La biblioteca por sí misma es un edificio común, construido de manera que no busca aislar el ruido, sino que el ambiente silencioso es generado por los asistentes con el objetivo de concentrarse.

Es probable que el local pudiera tener la opción de renovarse en su acústica para no captar el sonido exterior, pero tanto los hospitales como las bibliotecas son establecimientos donde claramente puede certificarse que los comportamientos sociales pueden ser aceptados de manera general por una sociedad.

Edificando diseños acústicos

La calidad de sonido de un espacio es determinado por dos factores:

1. La manera en que las estructuras de material están dispuestas.

2. El tipo de sonido que producen o dejan pasar y fluir.

Las guías en el diseño son tan fundamentales como lo es la medición en la densidad de ruido, lo cual implica el control en la vibración arquitectónica sin ejercer más presupuesto de lo necesario en su obtención.

Es decir, el diseño acústico de un edificio no tiene por qué costar más si se realiza correctamente desde el principio, empleando el mismo material con el que se construye normalmente, pero aplicándolo a un esquema que distribuya el sonido adecuadamente donde se debe y lo retenga donde es importante.

Un claro ejemplo es la construcción de automóviles, donde su alta ingeniería hace cada vez más permisible que lo único que se escuche en su interior sea el sonido del motor al rodar en la autopista y –por supuesto–, la conversación que se tenga con el o los acompañantes, así como el sonido del estéreo o el aire acondicionado al accionarlos.

Pero el valor agregado real de las marcas automotrices es su notoria y ascendente idea de aislar el ruido del exterior al mantener las ventanas arriba, aplicando estudios y análisis para un mejor aprovechamiento en sus procesos de manufactura desde el chasis sin que esto incremente el presupuesto.

Otra pauta actual es cómo los fabricantes de ventiladores y aires acondicionados, como Hitachi están manteniendo los niveles de ruido de sus productos bajo control, utilizando en sus pruebas de precisión e ingeniería métodos basados en cámaras semi-anecoicas diseñadas para absorber en su totalidad las reflexiones producidas por ondas acústicas o electromagnéticas en cualquiera de las superficies que la conforman (suelo, techo y paredes laterales). De esta manera, la cámara se encuentra aislada del exterior de cualquier fuente de ruido o influencia sonora externa. Asimismo, emplean cámaras de reverberación que producen un campo de sonido no direccional o reflejan el sonido dentro de la propia cámara.

Algunas sugerencias

Efectivamente, el ruido proviene de muchas fuentes y puede ser causa de una falta de planificación urbana, arquitectónica, conciencia cultural o incumplimiento de las normas. Pero como puede ser para un automóvil o aire acondicionado, ciertas recomendaciones pueden contribuir a lograr un buen diseño acústico para un ambiente e inmueble:

Modificar o sustituir equipos: En ocasiones, cuando el ruido es generado por una máquina, como puede ser el caso del área de lavandería ubicada junto o cercana a las habitaciones se puede optar por bajar la velocidad de los equipos, sustituirlos por otros más silenciosos o cambiar de lugar la zona.

Buscar materiales absorbentes para el revestimiento de las paredes: Esto reducirá la presión sonora, producción de eco y estridencia entre las habitaciones y su exposición a las áreas públicas en comparación a construir muros que sean duros acústicamente. Uno de los productos más empleados en la arquitectura hotelera son las placas acústicas, pues además de ofrecer atractivos e incomparables diseños, absorben el ruido por medio de perforaciones controlando la reverberación.

Incluso, algunas funcionan eficazmente para neutralizar sustancias nocivas y malos olores.

Las placas acústicas se pueden encontrar en áreas, como el lobby o recepción, salones y restaurantes.

Analizar las zonas de emplazamiento de materiales, tuberías e instalaciones: La vibración de estos elementos y otros componentes dentro de la habitación y áreas públicas (aire acondicionado, ductos de gas, instalaciones sanitarias, eléctricas, telefónicas, etc.) también generan energía acústica, por lo que se deben colocar aisladores de vibración y verificar las piezas que pudieran estar sueltas o sin base firme.

Generar un sonido ambiental: Como en el caso de la biblioteca, el área y las actividades realizadas en ésta son fundamentales para una correcta o insatisfactoria captación del sonido ambiental. Por ejemplo, en un restaurante resultará difícil mantener una conversación oral si el eco por el ruido en la cocina alcanza el área de los comensales o las personas escuchan la plática de una de las mesas que se encuentra al otro lado del salón. Lo mismo resultará si en el lobby bar o recepción la música, considerada como un apoyo para conseguir una sensación de comodidad y satisfacción del huésped, se convierte en un timbre perturbador y constante que provoca una molestia y arruina el entorno.

Al interior de la habitación de un hotel

Considerando que el nivel de ruido externo pueda solucionarse manteniendo las ventanas o puertas del balcón cerradas, la mayoría de las veces la acústica dentro de la habitación de un hotel incumple con las expectativas del huésped.

Y es que sin desear conocer o escuchar lo que ocurre en la puerta de al lado, según una encuesta realizada cada año desde 2007 por la casa J.D. Power y Asociados (una empresa global de investigación de mercado) aplicada a cerca de 48 mil viajeros, el ruido es la principal querella que los huéspedes interponen en recepción debido a paredes muy delgadas, trasnochadores y el sonido de renovaciones en curso o nuevas construcciones. Esto es seguido por la mala limpieza en los cuartos, mantenimiento de las áreas públicas, olor en las habitaciones y la actitud del personal.

Las cámaras de aire: Generando un espacio de aire hermético entre paredes, se les puede agregar material absorbente, como lana de roca o de vidrio, que contribuyen a un mejor aislamiento.

El vidrio aislante acústico: Protege contra la penetración y salida del ruido hasta por un nivel de 52 dB, gracias a la combinación de vidrios laminados acústicos con inyección de gas SF2 en la cámara (el aislamiento es mayor cuando los espesores de los vidrios son diferentes entre sí).

Cortinas acústicas: Fabricadas de sarga de lana o terciopelo, proporcionan resultados efectivos, ya que son pesadas por naturaleza y absorben el sonido, siendo mayor su efectividad cuanto más separación tengan de los muros o hasta un 50% más en la absorción del ruido cuando están plegadas o drapeadas (con pliegues).

Tableros de fibra de madera: Además de ecológicos son económicos y su estructura porosa permite absorber las ondas sonoras mejorando considerablemente la amortiguación del ruido de impacto. Su aplicación puede ser en el armazón de las paredes, tabiques y techos.

Fecha de publicación:24-03-2022
Fuente:Alta Hotelería
Autor:Alain Pertzel

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