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Liderazgo de Acción Positiva… más allá del coaching

Por José Manuel Vega

Cuando hablamos de coaching nos estamos refiriendo al proceso de acompañamiento que un dirigente hace con sus colaboradores. Se trata de una formación individualizada que algunos expertos definen como un proceso de orientación y entrenamiento que muchas compañías prestan a directivos consolidados en sus puestos y que son valiosos para las propias empresas.

La figura del coach proviene del mundo deportivo. Es el entrenador de un equipo que recomienda lo que hay que hacer pero también tiene un fuerte componente de motivación; marca la estrategia a seguir y la táctica, aunque además debe estimular psicológicamente y lograr que los jugadores se diviertan y sean ordenados en sus pensamientos.

Con base en lo anterior, podemos decir que el coaching constituye una herramienta específica que nos ayuda a darnos cuenta que, de un tiempo a la fecha, se ha enfatizado en que la responsabilidad del líder incluye facultar, acompañar y formar a sus subordinados.

Sin embargo, debe quedarnos claro que esta propuesta en sí misma, de ninguna manera agota todo lo que un líder debe saber y hacer para llevar a cabo su labor con éxito.

Convergencia: factor clave

No cabe duda que el liderazgo, como cualquier otra pericia, puede ser evaluado con muchos y muy diferentes criterios. Pero finalmente lo que cuenta son los resultados, por lo que el nivel de cumplimiento de las metas es, sin lugar a dudas, el primer parámetro para determinar si un líder es bueno o no lo es.

No obstante, otro elemento fundamental de un líder exitoso es su habilidad para lograr una conducción armónica de su equipo de trabajo, lo que denominaremos convergencia. El cumplimiento de las metas y la convergencia de los integrantes son dos requisitos indispensables en la labor de todo líder exitoso. Y ambos aspectos, en mayor o menor grado, son abordados por el tema del coaching. Pero, ¿qué puede ocurrir cuando estos dos requisitos se resuelven de una forma satisfactoria?

Pensemos por un momento en el terrorismo: por desgracia es una muestra de un ejercicio de liderazgo “técnicamente correcto”, ya que podemos dar por hecho que los terroristas definen una meta, siguen los pasos para conseguirla, establecen las condiciones para lograr el resultado deseado y aplican a la perfección las normas del trabajo en equipo.

Donde comienza a ser vulnerable su perversa organización es en las limitaciones inherentes al sustento del poder público que detentan, porque el fundamento de su discurso no va de acuerdo con la preservación y el mejoramiento de la sociedad. Y justamente a los requisitos de cumplimiento de las metas y convergencia de los integrantes de un equipo, les falta un tercer elemento para poder hablar no únicamente de liderazgo, sino de “Liderazgo de Acción Positiva”.

¡Qué desgracia tener que recurrir al terrorismo para distinguir la diferencia! Sin embargo, debemos percatarnos que el coaching, así como la mayoría de las propuestas relativas al tema del liderazgo, no alcanzan a reconocer una diferencia cualitativa que separe con toda claridad a un líder terrorista de un “Líder de Acción Positiva”. ¿En qué consiste este tercer elemento? En el contenido del líder, es decir, en sus valores, virtudes y visión..

Ahora bien, si tuviéramos que darle una jerarquía a estos tres aspectos, sin duda alguna que el tercero de ellos encabezaría nuestra lista. En otras palabras, si se reconoce que una persona posee una superioridad en su contenido existencial respecto de mi persona, entonces se estará en disposición de seguirla, incluso a pesar de que tenga algunos defectos en los otros dos aspectos.

Y salvo en casos excepcionales, está claro que esa superioridad no debe radicar en una corporeidad alta y robusta, ni en un temperamento emotivo y primario, sino principalmente en la dimensión intelectiva, volitiva y espiritual del individuo. Es por eso que la grandeza de un “Líder de Acción Positiva” se actualiza día a día en la medida que lleva a cabo un esfuerzo consciente por cultivar su inteligencia, formar su voluntad y edificar su espíritu.

En resumen, todo aquel que tenga bajo su responsabilidad a un grupo de individuos, antes de preguntarse sobre la conveniencia de seguir un modelo de liderazgo particular, incluyendo el coaching, debe responder con honestidad a la siguiente interrogante: ¿mis valores, virtudes y visión hacen que las personas a mi cargo me identifiquen modelo de ser humano a seguir?

El Dr. José Manuel Vega Báez cuenta con 31 años de experiencia como empresario y ha desempeñado diversos cargos directivos en la iniciativa privada, el sector público, organizaciones deportivas e instituciones educativas. Es creador del Modelo de Liderazgo Integral C30; miembro de la Red Latinoamericana de Conferencistas y del Centro de Excelencia en Gobierno Corporativo. También es catedrático a nivel licenciatura, maestría y doctorado en el área de Gestión de Sistemas Organizacionales. e-mail: seriecima@att.net.mx, www.seriecima.com

*Articulo revisado por José Alfredo Schulz, consejero editorial.

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