CONTENIDOS DEL DÍA

 

Artículos

Historia de la hotelería y turismo en México

Impactos: 5

Desde la época colonial y en especial desde las primeras décadas del siglo XIX, Guadalajara encontraría su camino en el destino incierto de una nación que buscaba su independencia económica y política. Por su ubicación geográfica en el cruce de caminos entre puertos: Acapulco, Manzanillo, San Blas, y la apertura del camino real hacia el noroccidente del territorio, la Nueva Galicia se convirtió en el centro de muchas actividades comerciales y el comercio requiere de hoteles.

La población flotante de Guadalajara podía calmar su apetito en varios hoteles y mesones que hasta la década de los noventa guardaron su sabor familiar y provinciano (Lamerias, 1996). Este sería el ambiente en el Hidalgo, el Nuevo Mundo, el Museo, el Humboldt, el Cosmopolitan, La Concha, el Central y el Progreso. Hasta la aparición del García, construido ex profeso al estilo norteamericano y a la remodelación del Francés, el Roma, el Fénix y posteriormente, el New Palace y el Americano.

Algunos de sus dueños eran extranjeros, así lo denota la lista de fundadores de la primera asociación hotelera de Guadalajara en 1908. Hotel Alemán: Emma Schroeder. Hotel Central: R. Morales e hijo. Hotel Colón: Conrado Oceguera. Hotel Cosmopolitan: Francisco Fredenhaguen. Hotel Francés: Caire Fabre y Cía. Hotel García: Edgar Clem. Park Mouse: Luz María Vda.de Páez. Hotel La Concha: Salvador Genesta. Hotel México: F.M. Serratos. Hotel Museo: Ap. González e hijo. Julio Díaz. Hotel Pleasanton: J.F. Murphy. Hotel Palacio: I. E. Bahl. Hotel Roma; Caire Hermanos (Arana Cervantes, 1990: 39).

A finales de la década de los sesenta se reunieron un grupo de hoteleros de la ciudad convocados por el gerente general del hotel Camino Real; Enrique Rangel A. Todos ellos, coincidieron en qué con los años la hotelería de la ciudad crecería a la par de la metrópoli comercial en que se estaba convirtiendo Guadalajara. Estas pláticas los llevaron a la conclusión de que era necesario un grupo representativo de la actividad hotelera y hacer, a la necesidad de alojamiento de un turismo extranjero que ya comenzaba a despuntar. Así, el 19 de febrero de 1968 se constituyó la Asociación de Hoteles y Moteles del Estado de Jalisco. Los socios iniciales fueron: Enrique Rangel A., Camino Real. Ana Orendain Vda. de Morales; Hotel Morales. Gustavo Barreto A. y Juan José Barreto N.; hotel Fénix. Stefano Gherzi B.; Gran Hotel. Enrique Hecht Ochoa; Hotel del Parque. Enrique Ramos Flores; hotel Génova. Guillermo Martínez G.; hotel Roma. Arnulfo Ochoa U.; hotel Guadalajara. Guillermina Ortiz V.; hotel Santa María. Pedro Jaled B.; motel Guadalajara. Nicolás Morris P.; California Courts. Rosario Julieta Pallaud; motel Isabel. Pedro Brunner M.; hotel Guadalajara Hilton. José Rodríguez S.; hotel Malibú. Roberto Flores G.; hotel Suites Fontana. Amadeo Guerrero C.; motel Loma Bonita. Benito Fong G.; hotel Nueva York. Andrés Berberena I.; Suites Rivera. Roberto Treviño; Suites Jardines. César Suedan M.; motel Puerto Vallarta. Raúl Díaz A.; motel Estación. Javier de la Torre R.; Suites Lila. Bonifacio López G.; motel Rose. Mario Sánchez F.; Suites Mexicali.

Los nuevos hoteles

En la década de los años sesenta del siglo XX surgieron en la ciudad nuevas y modernas hospederías que reflejaban la pujanza económica de la entidad; el Camino Real y el hotel Hilton. Hospederías que se agregaron a las tradicionales, operadas por sus dueños; miembros prominentes de la sociedad local. En aquellos años el hotel Fénix, el de mayor prestigio, era propiedad de la familia Barreto, el hotel Roma, operado por don Guillermo Martínez Guitrón, el hotel Génova, de la familia Ramos, el Morales; cuyos dueños era la familia Morales, el antiguo hotel Francés, el De Mendoza. Todos ellos ubicados en el centro de la ciudad. El hotel del Parque, de diseño arquitectónico vanguardista para aquellos años.

Después venían los ubicuos hoteles de carácter popular, ubicados cerca de estaciones, terminales, mercados, y otros lugares de alta concentración demográfica de viandantes y comerciantes.

El hotel Camino Real, propiedad de antiguos tapatíos residentes en la Ciudad de México, los Corcuera, Rincón Gallardo, Martínez Negrete y socios locales, como la familia Javelli— fue diseñado para vivirse como una hacienda: amplios jardines, zonas arboladas, ambiente relajado. No, así, su arquitectura que fue contemporánea. Su nombre evoca el principio del camino real que a lo largo de la costa Occidental del país conducía hasta las provincias más allá del río grande; lo que ahora es California, Arizona y Nuevo México. Su símbolo fue por muchos años la diligencia, medio de transporte usada en épocas pretéritas.

El hotel Hilton fue tal vez el primer rascacielos de la ciudad; un edificio con más de 200 habitaciones, salones para eventos, tiendas, restaurantes y bares para la nueva generación de tapatíos que buscaban quitarse las ataduras del conservadurismo añejo todavía se practicaba en el Camino Real. El dueño del hotel era un empresario de origen francés ligado a los mejores almacenes de la Ciudad de México.

A principios de los años setenta, en las afueras de la ciudad, rumbo al aeropuerto internacional, Don Carlos Trouyet, rico empresario e inversionista, dueño entonces de Teléfonos de México, mandó construir un hotel a semejanza del famoso hotel Las Brisas, en Acapulco (casitas independientes en lo alto de una colina). Don Carlos había adquirido el hotel en Acapulco y deseaba repetir su éxito, olvidándose de que en Guadalajara no había mar ni montañas.

En los ochenta surgieron nuevos y modernos hoteles; algunos como el Fiesta Americana de diseño atrevido en un alto edificio vertical, operado con la filosofía de esa empresa que en la Ciudad de México era famosa por sus lugares de diversión, música viva y buenos restaurantes. O el hotel Quinta Real, de diseño conservador, a la usanza de una próspera hacienda dotada de lujos, que en la época evocada provenían de la Francia. Hoteles propiedad de tapatíos; Aránzazu, Guadalajara Plaza, Malibú; hogares fugaces de agentes de comercio, pequeños empresarios y lugar de reunión para familias tapatías.

Simultáneamente, arribaron las cadenas norteamericanas con sus hoteles calcados, sus servicios ensayados y su filosofía de operación en busca de masas; los Holiday Inn, Crown y Hyatt, etcétera.

Camino Real Guadalajara

Todas las ciudades del mundo cuentan con un hotel emblemático. Es el caso de Camino Real Guadalaja ra. Hospedería que abrió sus puertas al turismo por allá en los inicios de la década de los años sesenta del siglo pasado. Ubicado en sus inicios en las afueras de la ciudad sobre un terreno de 10 hectáreas, su diseño permitió concebirlo como un Motel, de moda en aquella época en los Estados Unidos. De tal manera que sus primeras 60 habitaciones tenían un lugar para estacionar el auto frente a la puerta. El diseño arquitectónico fue influenciado por el arquitecto Francisco Martínez Negrete y la decoración de las habitaciones por el decorador Alberto Javelli. El mobiliario original fue de diseño clásico francés de la época de los Luises franceses. Los muros cubiertos con finos tapices de tela y los pisos alfombrados de pared a pared. Finos candiles y elegantes lámparas completaban la decoración.

El hotel o motel fue el primero que ostentó el nombre de Camino Real, de hecho ahí mismo se originó. Don José Brockman, entonces director general de Western International Hotels de México, impulsó la idea del nombre y el símbolo de la marca; una diligencia del siglo XIX. La razón del nombre fue que de Guadalajara salía el camino real hacia las provincias del norte-pacífico durante la época colonial.

Gran discusión se efectuó entre accionistas del hotel tanto para aceptar el nombre, como la decoración de las habitaciones; en Guadalajara no se acostumbraba el uso de alfombras, ni tapices en los muros y muebles Luis XIV en lugar de los cómodos equipales de cuero típicos de esta región.

La arquitectura baja de los edificios y el arbolado, con especies locales que propiciaban un florido horizonte, los bellos jardines bien cuidados, las albercas y el mobiliario exterior, todo influía en el imaginario de todos aquellos que visitaban el hotel, para imaginarse estar en un club campestre más que en un hotel de ciudad.

El hotel fue creciendo paulatinamente, mientras construía un prestigio como centro gastronómico internacional. Las mejores familias de la ciudad celebraban las bodas en los jardines de Camino Real y una selecta concurrencia de gastrónomos locales y foráneos disfrutaban de especialidades de cocina clásica francesa en el restaurante Lafayette, ubicado a un lado del lobby. Nadie, por influyente que fuera podía acceder al salón comedor sin «saco y corbata».

Un lobby discreto pero eficiente servía de marco al área de recepción donde los huéspedes eran esperados para ser atendidos personalmente. Un hotel con dimensión humana y una filosofía de operación que anteponía a la especulación monetaria la calidad en los servicios, sabiendo de antemano que el pago justo y la retribución vendría al negocio por medios más sutiles. El hotel fue un éxito en todos sentidos por más de cuatro décadas: para los huéspedes, para el personal y para los accionistas de la empresa. Volviendo la vista al pasado, simplemente con cerrar los ojos vuelve a la mente la jarra de cristal con dos vasos, todo sobre una charola. Infaltable un candelero de mano con vela y cajita de fósforos.

Las habitaciones recibían el «servicio nocturno de cama»; éstas se desproveían de la colcha de día y una sábana especial cubría el cobertor que quedaba así entre dos sabanas, éstas se doblaban en ambos lados de la cama y una fresca flor de buganvilia o copa de oro daba las buenas noches al huésped. Sobre la mesa de noche un discreto chocolate y en el baño toallas frescas, completaban el servicio nocturno.

Las áreas públicas comprendían un restaurante abierto todo el día con servicio de desayunos, comidas y cenas. Este lugar se desbordaba sobre el jardín y se podía comer bajo los frondosos ficus en un ambiente fresco y agradable. El buffet del domingo fue histórico por décadas; con una profusión de platillos de la cocina jalisciense y un gran ambiente musical con mariachis o banda pueblerina, era el lugar favorito de la sociedad tapatía. Sobre el restaurante formal ya hemos hablado antes.

El bar La Diligencia fue por años el ícono de diversión nocturna de una ciudad conservadora, con música viva de trío y/o solistas románticos. La Diligencia fue el rincón favorito para declaraciones y compromisos amorosos de jaliscienses ilustres.

Camino Real Guadalajara fue el primer lugar que ofreció espectáculos artísticos en la ciudad. El Camichín se abarrotaba los fines de semana para escuchar a Pepe Jara, María Victoria y otros de su talla.

Camino Real Guadalajara cumplía una época en la hotelería de la ciudad.

El progreso trajo nuevas instituciones con ideas progresistas y conceptos diferentes de la calidad y el lujo.
Alta Hotelería Héctor Pérez

Related posts
Artículos

¿Cómo enfrentar a un jefe manipulador?
Tolerar no es opción.

Impactos: 59 TERCERA DE TRES. Si usted, amable lector no tuvo la oportunidad de leer las dos…
Read more
Artículos

Creación de ambientes a través de la iluminación

Impactos: 26 Las luminarias no sólo son decorativas, por medio de ellas se puede regular la…
Read more
Artículos

Por una hotelería responsable

Impactos: 54 Por Claudia Ramírez Blas Las condiciones ambientales y socioeconómicas actuales…
Read more

Intégrate a la comunidad del sector de la Hospitalidad.
Suscríbete a nuestro boletín de noticias aquí.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.